3. 1 Relato Literario:
Basta ya. Ya está bien de historias inventadas, de historias que no son reales. Vosotros creeis conocerme, pero ni mi nombre es Ariel, ni salí del mar en busca de “mi principe azul”. Mi nombre es Lary y no, no tengo el pelo largo, sino corto; y tampoco tengo esa perfecta piel blanca, más bien soy de tez oscura. En una cosa no os equivocabais: soy una sirena, y os voy a contar mi verdadera historia.
Ir al colegio me aburría mucho. Me hablaban de muchas cosas pero no de lo que a mi realmente me interesaba: el mundo de allá fuera, el mundo de los humanos. Me apasionaba imaginarme sus vida, sus aficiones, pero sobre todo me preguntaba qué estudiarían ellos. A pesar de que me resultara aburrido, me era muy fácil aprender y sacaba muy buenas notas.
A raíz de esto, mis padres decidieron apuntarme a clases de canto, para ver si se me daba igual de bien.
Al principio me parecía una pérdida de tiempo. Yo lo que quería hacer era ir a una escuela de humanos para así aprender de ellos y, quién sabe si algún día, poder llegar a ser uno de ellos. Aunque después de unas clases con mi profesora de canto Úrsula, empecé a mejorar y a disfrutar cantando, además, parecía que no se me daba nada mal.
Un día de camino a clases de canto, le comenté a mi padre mi inquietud por salir a la superficie a estudiar con los humanos. Su primera reacción no me gustó nada, de hecho me enfadé con él. No entendía por qué se tenía que reír de mi. Empezó a decirme que estaba loca, que eso era imposible. Ni siquiera tenía piernas para poder andar, ¿cómo pensaba ir con una inmensa cola? Después de esto, me volvió a poner un poco la cola en el mar… me desanimé bastante, pero en mi interior, estaba segura que podría hacer algo para conseguirlo.
Cuando llegué a clase, Úrsula me vio un poco triste, y me preguntó qué me pasaba. No sabía si contárselo, no quería que otra más se riera de mí, pero como tenía bastante confianza con ella, decidí contárselo. Para mi sorpresa, Úrsula no lo veía un sueño imposible. Ella misma me dijo que tenía unas nociones básicas sobre brujería y que me podría dar unas piernas para así poder salir a la superficie. El único problema es que el precio a pagar era bastante elevado: abandonar el mundo marino para siempre. Por un momento dudé. ¿Dejar el mar para siempre? El mar era mi vida, allí tenía a mi familia, mis amigos… pero salir a la superficie era mi sueño… Qué difícil, esto no eran como los problemas de matemáticas del colegio... Finalmente decidí no perder la única oportunidad que tenía de cumplir mi sueño.
Esa misma noche me despedí de mis padres , pero como si fuera a pasar unos días fuera de casa. Si les decía que nunca más volvería, no me dejarían irme, y no podía permitir eso. A la mañana siguiente, fui a casa de Úrsula para que me ayudara. Todo fue mucho más sencillo de lo que me pensaba. Simplemente tuve que beberme una poción y, ¡pluf! ya tenía piernas. Antes de salir hacia la superficie abracé a Úrsula y le agradecí todo lo que había hecho por mí… la echaría de menos, tanto a ella como a mi familia. Antes de echarme a llorar o arrepentirme, salí corriendo.
Una vez en el mundo terrestre, era completamente diferente a lo que había podido imaginar.Sinceramente era mucho mejor. Fui a informarme al colegio de humanos y me tuvieron que hacer una prueba para saber en qué curso debía empezar. Al día siguiente empecé las clases en el antepenúltimo curso. Fueron días muy duros… No encajaba en ningún grupo y todos me veían como la nueva rarita… se metían conmigo, sobre todo con mi voz. No sé qué pasaba, pero mi voz ya no era la misma, había cambiado de cuando estaba en el mar… solo sabía chillar. Después de unas semanas todos se olvidaron un poco de mi y pasaron a ignorarme. Todos excepto Paul. Él no paró en ningún momento de reírse de mí, incluso cuando y nadie le apoyaba ni seguían sus gracias, él continuaba… Y sí, Paul es a quien vosotras y vosotros conocéis como al magnifico principe Eric.
Tal fue el sufrimiento y el trauma que causaron todas sus burlas, que empecé a escuchar voces. Voces que me recordaban día a día que no podía volver a casa, que había perdido a mi familia y mi bonita voz. Las voces se iban volviendo más y más profundas y yo cada vez las soportaba menos, penetraban dentro de mi cabeza y hasta me nublaban la vista.
Un día las voces me sugirieron que matando a Paul, mi sufrimiento acabaría, que confiara en ellas. Como no tenía a nadie más decidí hacerles caso. Al acabar la clase, cuando nos quedamos solos en clase, momentos que él buscaba para reírse de mí, me armé de valor y le clavé las tijeras en la garganta hasta comprobar que mi problema había muerto.
Y, como me habían dicho las voces, mi problema acabó. Ya no escuchaba nada, y por supuesto Paul no se metía conmigo, pero me había metido en otro aun peor que el anterior y que me acompañaría toda la vida.
Y así como os cuento la verdadera historia desde la cárcel, condenada a muerte y a 5 días de cumplir con mi condena. No quería que os creyerais esa estúpida historia de príncipe se enamora de una preciosa sirena. Aunque esto me convierta en la mala de esta historia, prefiero sacar a la luz la verdadera historia. Ni todas las historias tienen final feliz ni los príncipe y las princesas existen.
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